La histórica ciudad de La Rochelle está situada en la costa Atlántica en la región de Nueva Aquitania. Su historia siempre ha estado relacionada con el mar. Ha sido tierra de aventuras, de batallas y de piratas. Ha destacado por su comercio y la pesca, muy arraigada en la zona desde el S. XI.

Los mayores compradores de sus productos eran Gran Bretaña y el norte de Europa hasta la guerra de los Cien Años, que la zona quedó controlada por Gran Bretaña y pasó de nuevo a manos de los franceses tras la alianza con las tropas españolas. Tras los períodos de guerra, llega una etapa de bienestar con el rentable comercio del vino, sal, bacalao..etc..

En el S. XVII la ciudad es Protestante y el nacimiento del Absolutismo Católico en Francia hace que las tropas reales la conquisten con un elevado número de victimas y conversiones obligadas al catolicismo.

La Rochelle perdió todos sus privilegios y numerosas familias emigraron hacia América..En el S. XVIII se convierte en un importante puerto “Negrero”de esclavos entre Africa y América hasta que se formalizó la prohibición de trata de negros..Durante la 2ª Guerra Mundial, los alemanes crearon una gran base de submarinos. En la actualidad la base la dirigen los militares franceses.

Nuestra visita comenzó en el puerto, la zona más concurrida de la ciudad. Nos acercamos a la torre de San Nicolás; una auténtica fortaleza de cinco plantas y sinuosas escaleras. Destaca en su interior, la sala de los Gobernadores con una curiosa bóveda ojival; y sobre todo las excelentes vistas desde su terraza.

Esta torre cerraba la bocana del puerto con una cadena que atravesaba el mar hasta la torre que se sitúa enfrente.

Dimos un paseo por el muelle viejo; saturado de preciosos veleros, hasta acercarnos al muelle principal. De aquí se divisa la Grosse Horloge o Torre del reloj.

L a enorme puerta era el antiguo acceso al casco antiguo y conserva dos aberturas; una para las carretas y otra para los peatones.. Su origen es en el S. XII, aunque ha sufrido algunos añadidos, como el campanario..

Atravesamos la puerta para dar una vuelta por el centro de la ciudad.

Transitar por el casco antiguo de La Rochelle es verse rodeado de más de 200 monumentos históricos y bellos edificios y fachadas renacentistas.

Pasamos por mansiones e impresionantes casas de entramados de madera..etc..

Nos perdimos por las calles sin rumbo y entramos en varios y suntuosos patios rodeados de bellas columnas y escaleras monumentales.

llegamos hasta la catedral de San Luís edificada en el S. XVIII en estilo clásico. Su fachada muy sencilla, contrasta con un rico interior adornado de valiosos cuadros y luminosas vidrieras..

Seguimos paseando por calles empedradas y rodeados de bellos pórticos y soportales que durante siglos fueron refugio de corsarios y comerciantes relacionados con el mar..

Atravesamos de nuevo la Grosse Horloge y nos sentamos en el puerto. Desde allí, se dominan las torres que vigilan el puerto, La torre de San Nicolás.La de la Cadena, la Torre de la Linterna y la Torre del Reloj. La Torre de la Linterna; que fue prisión y faro, vigila el puerto desde el S. XIII..

Allí nos contaron la historia de Jean Gombaud, En el S. XVII, La Rochelle era una refugio de piratas que atacaban a los barcos que circulaban por aquellos mares. Destacó entre ellos Jean Gombaud que ayudado por los comerciantes de la ciudad asaltaba los barcos y los desvalijaba..Un día fue traicionado por uno de los comerciantes y los soldados del rey acudieron a apresarlo. El hábil pirata huyó hasta una de las torres de la Rochelle y embarcó hasta su barco, atracado en alta mar..Pasado algún tiempo, desapareció…Y nunca se supo como acabó sus días.

La tarde llegaba a su fin y el muelle viejo se animaba de gente y de grupos que animaban a los transeúntes que vagaban por la ciudad..

Poco antes de caer el sol, un espectacular Arcoiris apareció sobre la ciudad..

Todo el espectro de colores parecía salir de la Torre de San Nicolás y el gran arco .se perdía detrás de los barcos atracados en el puerto.

Con rapidez, el sol desapareció del horizonte y el puerto se iluminó con las luces cálidas del atardecer..Una brisa suave movía con suavidad los mástiles de las embarcaciones..

De pronto como despedida las torres de la ciudad se iluminaron ofreciendo una imagen preciosa de la ciudad..Caminamos un buen rato hasta que la noche nos llevó hasta el puerto, donde nos sentamos a cenar en una terraza a la luz de la luna..¡Instantes Mágicos!..



