La Gouffre de Padirac es una “Sima” de entrada vertical situada en el Valle del río Dordoña en Occitania, con una profundidad de 103 m.

En su interior; circula un río, afluentes del Dordoña. El descubrimiento en 1889, se debe a Edouard Martel; un abogado de París con una gran pasión por la espeleología que con velas y luces rudimentarias se atrevió a bajar; con un equipo de investigadores, para recorrer las profundidades de la sima y recorrer más de 2,5 km en varios días.. Meses más tarde, consiguieron llegar hasta la Grand Dôme..

“La realidad ha superado aquello que mi imaginación había soñado”
(Edouard-Alfred-Martel)
La idea de Martel era acondicionar la cueva para hacer accesible la cavidad a las personas interesadas. Y para poder llevar a cabo su empresa, necesitaba dinero.

Parece ser que Martel estando en París, cogió un taxi y olvidó en él todo el proyecto que había elaborado para la cueva..Por suerte; el siguiente pasajero, fue un millonario cervecero que atraído por tan curioso proyecto buscó a Martel y le sufragó los gastos para poder realizar su sueño..

“Nada tan extrañamente hermoso se ha presentado nunca ante nuestros ojos y
todos nos hacemos la misma pregunta : ¿No estaremos soñando?”
(Edouard-Alfred-Martel)

La Gouffre de Padirac también ha inspirado leyendas más o menos fantásticas que han circulado por el entorno de la Gouffre.. Durante muchos años, se rumoreaba por la zona que los ingleses habían enterrado un tesoro durante la Guerra de los Cien años.

.La formación se produce desde el exterior por la erosión del agua de lluvia que hunde a la bóveda en una fecha no determinada. Este hundimiento forma un impresionante círculo con una abertura de 35m de diámetro.

El agua ha seguido erosionando las galerías durante miles de años, creando un paisaje mágico y sobrecogedor.. Se conoce el establecimiento humano en la cueva desde el S.III hasta el S. XIV y en la actualidad, se han inspeccionado en varias campañas de espeleología más de 41 km de galerías..

Después de estar un buen rato al borde superior observando el enorme hueco, rodeé todo círculo tras las barandas protectoras y me dirigí hasta el ascensor para bajar a la profunda sima.

Desde abajo impresiona la abertura ovalada rodeada de vegetación que se agarra a las paredes verticales y ver a las personas que desde abajo; eran tan pequeñas, que eran difíciles de identificar..

Por las escaleras, bajaban bastantes visitantes; que imagino, preferían evitar el ascensor..Lo que más llama la atención es la sensación de humedad y el color verde intenso que tiene la vegetación. Por unas pasarelas, se entra en la galería mientras que la luz va desapareciendo y el frío y la humedad se nota con intensidad..

Tras un paseo por las profundidades, se alcanza un pequeño embarcadero donde te invitan a acomodarte en una de las pequeñas barcas.

El recorrido; de unos 500m te acerca hasta el Grand Pendeloque, una impresionante estalactita de más de 60 m de altura, situada sobre el Lago de Pluie. Bajé del barco y anduve rodeados de multitud de curiosas formas de las estalactitas y estalagmitas que adquieren formas de esculturas, candelabros y cascadas de calcita que han tardado millones de años en formarse..

Al final, llegué hasta la Grand Dôme, coronada por una enorme bóveda a más de 90 m de altura que cubre totalmente la enorme sala. La sensación de estar en este lugar, es indescriptible.. Es una de las zonas más espectaculares del recorrido subterráneo de la Gouffre de Padirac.

Suspendido sobre el río, se halla el lago Superior, que nos hace sentir impotentes ante la belleza y la magnitud del lago y de varias enormes estalactitas que siguen su lento proceso de crecimiento producido por un goteo eterno..Incesante..Más adelante aparece el lago de Gours; en el fondo bajo el cristal de sus aguas, se ven las numerosas cornisas que forman pequeñas presas de calcita.. Estas cornisas naturales o Gours, dan el nombre al lago y se suceden escalonadamente y reciben el agua que finaliza su recorrido en un curioso estanque..

“Regiones Maravillosas que solo pueden estar habitadas por hadas”
(Edouard-Alfred Martel)



